lunes, 9 de abril de 2012

Ana Mª Morales Barrionuevo

Ana Mª Morales nació en Jaén en 1973. Tiene dos hermanos y fue la pequeña de la familia… hasta que llegaron los seis nietos.                                    
Estudió en Linares hasta los trece años, pasando, en el 1986, a Jaén donde trasladaron a su padre. Allí estudió Ingeniería Técnica en Informática y allí es donde vive actualmente.                    
Casada desde hace 13 años con Víctor. Tienen dos hijos: su corazón y su tesoro; su tesoro y su corazón; Víctor y Juan; Juan y Víctor.
Su placer, un libro. Le gusta leer todo tipo de literatura. Autores como Jane Austen, Torcuato Luca deTena, Carlos Ruiz Zafón, Ken Follett, Stephenie Meyer, Stieg Larsson y muchos más han pasado por sus manos.
 … y ha descubierto con la lectura que la escritura, más que su hobby, es su vocación. 

La obra con la que participó en la Exposición Palabra de Mujer:





ALZHÉIMER

Justamente cuando yo pasaba por la sala, llegó ella, me miró y se acercó a mí. Yo la miré y, aunque no la conocía de nada, por educación moví la cabeza en señal de saludo, que me devolvió al instante. Al verla tan decidida, también me acerqué y aguardé a que me preguntara.
Esperé y esperé. Tal vez si hubiera preguntado dónde quería ir o a quién venía a ver, ahora no me sentiría tan incómoda delante de ella. Una persona que no dejaba de mirarme fijamente pero que no decía una palabra.
Mientras esperaba, la observé, tenía una mirada perdida, parecía estar desorientada, extraviada. Daba toda la impresión de no reconocer el lugar, de no saber qué estaba haciendo allí. Daba pena ver esa confusión reflejada en su cara…
- Señora Celia, retírese del espejo y venga a tomarse sus pastillas.

Os presentamos una muestra de su obra:

Pura armonía

Entré y allí estaba, tumbada en toda su extensión sobre un manto dorado, de textura suave y apetitosa, limpio de toda espiga para no dañar su delicada piel.
Al verme, se incorporó. Me esperaba. Lo noté en su excitación, en sus gráciles movimientos al aproximarse a mí, en su aliento exhalado sobre mi rostro.
Acerqué la mano a su larga melena mientras le susurraba:
-        ¿Me has echado de menos? Yo, demasiado. Casi duele.
Comencé a tocarle la espalda, tan despacio como me permitía la impaciencia. Inicié el descenso desde la columna, sobre la nuca, junto a sus orejas, pasando lentamente mis manos por su terso cuello, hasta alcanzar la última vertebra. Continué por el muslo pasando por la nalga. Allí me detuve. Ascendí nuevamente, ya con algo más de prisa. Sentía la suya también. No quería que notara ningún signo de vacilación que pudiera traicionarme, poseía un sexto sentido y cualquier gesto de duda o timidez por mi parte provocaría su desconfianza.  Era demasiado sensible. No podía permitírmelo. Hoy no.
Quería que el momento fuera especial, llevábamos demasiado tiempo sin vernos como para no deleitarme en los inicios.
Todo estaba sucediendo de manera perfecta. Tras los preámbulos y las tiernas palabras dejamos de ser dos. Nos movíamos al unísono. Lentamente al principio para posteriormente acelerar a un ritmo vertiginoso donde no estaba muy claro el terminar de uno y el comienzo del otro.  Unas veces era yo el que exigía, otras ella. Sin límites.
Al finalizar, ambos extenuados, exhaustos de tanto galope; de nuevo sobre la paja, retome mis caricias. Sabía que le gustaba y yo nunca me cansaba de hacerlo. Era perfecta al tacto; piel dorada, tersa. Perfecta en todo, una hembra de pura raza.
Al despedirme de ella, le dije:
-        Eres la mejor yegua de mis caballerizas.




El secreto

Tengo un secreto que me está matando lentamente. Tal es mi secreto, que debo contarlo.
¿A quién? A quien lo quiera escuchar. Al viento, al silencio, al agua, a ti. ¿Quieres? ¿Puedes?
Sé que haré daño a las personas que amo pero no puedo tolerar más esta angustia que me consume.
Soy infiel. Soy infiel.
Soy infiel cuando trabajas aunque no me maquille o perfume. Soy infiel cuando duermes porque pienso en otro amor, otro sitio, otra vida; y me siento sucia. Sucia cuando me miras a los ojos y no puedo mantener los míos.
Soy infiel a mi trabajo, a mi familia,… mientras como, mientras duermo. Soy infiel aunque no cometa adulterio.
Sólo soy fiel cuando escribo.

ESCALOFRÍOS


Comencé a quedarme dormido. A pesar de llevar horas intentando no hacerlo en constante alerta, sabía que al final ocurriría.
Inicié el descenso, me alejaba lenta y progresivamente de este mundo terrenal para entrar en el del terror. Lo sabía y no quería volver a pasar por lo mismo. Me despabilé otra vez... o eso creía yo.
Día tras día, siempre igual.
“…Allí estaba, en la orilla de la playa. La noche estaba clara y muy estrellada. Me tumbé para contemplarla e intenté identificar la Estrella Polar, aquella que me señalaba siempre mi madre y que, cuando no estaba ella, no podía localizarla. Sonreí, me gustaba recordar esos momentos.
Era una noche fresquita, agradable. Me incorporé y me acerqué a la orilla. Al tocar con la punta de los dedos el agua helada me recorrió un escalofrío que, junto a la leve brisa, ya gélida, hizo que se me pusiera la piel de gallina.
« Como me gustaría estar en una bañera con agua calentita» - pensé en ese momento.
…Y allí estaba, sentado en la bañera. El agua templada comenzaba a recorrerme, primero entre las piernas y después lentamente por mi culito, me hacía cosquillas. Una sensación de placer maravillosa. ¡Y duró un buen ratito!
« ¿Dónde estoy?… ¡¿Otra vez en la playa?!, ¡Qué frío hace! ¿Dónde está mi bañera de agua caliente? ¡Noooooooooooo!» - No podía creerlo. Otra vez había ocurrido….”
Diferente sueño, mismo resultado.

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